Mi chica revolucionaria. Diejo Ojeda

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Resumen del libro

Título: Mi chica revolucionaria
Autor: Diejo Ojeda
Editorial: Frida Ediciones
Categoría: Poesía
Género: Contemporánea
Páginas: 116 págs.

 

La primera vez que me topé con el trabajo de Diego Ojeda fue a través de una recomendación. Recuerdo que acababa de leer a Elvira Sastre y me sentía empapada de poesía, necesitaba más, sin embargo, no lo mismo. Me gusta ir alternando lecturas de distintos autores, palpar sus diferencias, cambiar de estilo, adentrarme en otros mundos líricos.  A día de hoy, tengo a Diego Ojeda grabado en la memoria pero también en la retina. Sus letras dibujan escenas que se clavan en el fondo del alma.

En mi caso, me hice con la edición limitada de Frida Ediciones. Lo primero que me llamó la atención fue la sobrecubierta del libro, a modo de cajita, que permite que se conserve mucho mejor, después la posibilidad de acceder a material digital exclusivo y, por último, la inclusión de un poster, lo cual es un bonito detalle hacia el lector. La obra posee una edición muy cuidada, un prologo de Elvira Sastre, que nos introduce al autor y a su poemario, y un epílogo de Pedro Andreu, que concluye magistralmente con la lectura dedicándole unas bonitas palabras al autor y reflexionando sobre la obra.

Mi chica revolucionaria es un grito al amor pero también a la rebeldía. La obra defiende a capa y espada la necesidad de romper esquemas, de saltar muros, de salirse de la norma y de las normas, de atreverse a cambiar y de luchar por cambiar el mundo, porque «la revolución comienza en casa». Mirar a través de los poemas de Diego Ojeda es encarnarnos en ese espíritu rebelde que ama el yo poético, es desgarrarnos por dentro y por fuera.

Amar a una chica revolucionaria es amar la revolución que encarna, una revolución física y mental. El deseo, el cuerpo y la pasión se entremezclan con los sueños, las metas y las esperanzas. La fuerza del amor nos transforma por dentro: la revolución comienza con el amor, empieza en ella y se traspasa a él, se expande por todo nuestro cuerpo, sube por nuestros pies, nos eriza la piel, atraviesa cada vena de nuestro cuerpo, enciende nuestro corazón y transforma nuestra mirada, nuestros ojos dejan de ver la realidad que veían, el mundo cambia. El autor aprovecha esa transformación y la utiliza para rebelarse contra la injusticia social, contra la corrupción y contra la hipocresía.

La obra nos sitúa ante la centralidad de la mujer como motor de cambio, como líder, es decir, como aquella que tiene la llave de la revolución. Una revolución que comenzará por nosotros mismos a través la lectura de la obra.

Todo el poemario se encuentra rodeado por escenas cotidianas, lugares conocidos y situaciones cercanas a cualquiera de nosotros que bien podrían sucedernos, si es que no lo han hecho ya. El lenguaje utilizado es totalmente natural, nos acerca a la contemporaneidad de la que bebe, pero a la vez es muy poderoso, traspasa al lector y hace que se identifique con lo narrado, que ame, que sufra y que intime con el yo poético.

Personalmente, recomiendo su lectura si lo que te apetece es pasar un rato entretenido mediante una obra contemporánea de amor, deseo y crítica social. Es una obra muy personal y con un estilo bastante definido que puede no gustar a todo el mundo. Diego Ojea, creo, tiene un público bastante concreto, situado en lo juvenil, su mismo lenguaje es el fiel reflejo de una época. Si lo tuyo es la poesía retórica o densa, quizás no sea lo que buscas, pero si lo que esperas encontrar es un poemario fresco, moderno y por qué no, millennial, esta obra acertará.

OJEDA, Diego. Mi chica revolucionaria. Frida Ediciones, 2014. 116 pp. ISBN 9788494268618 .

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Una habitación propia. Virginia Woolf


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Resumen del libro

Título: Una habitación propia
Autor: Virginia Woolf
Editorial: Austral
Categoría: Ensayo
Género: Teoría literaria
Páginas: 160 págs.


La publicación de Una habitación propia data de 1929 y reúne el texto que Virginia Woolf escribió como introducción para una serie de conferencias sobre la literatura y la mujer. No es enteramente un ensayo, pero tampoco es una novela, se trata de una especie de híbrido que tiende hacia el ensayo. La obra intenta analizar los motivos por los cuales las mujeres no tienen cabida en la literatura hasta llegado el siglo XIX. La historia es relatada por una mujer que investiga sobre el papel de las mujeres en la literatura. Atentos a esta cita, especialmente relevante, que nos introduce en la temática principal: «[…] una mujer debe tener dinero y una habitación propia para poder escribir novelas; […] las mujeres y las novelas siguen siendo, en lo que a mí respecta, problemas sin resolver

Woolf nos hace conscientes de las dificultades que presenta el reto literario de crear una novela,  antes que nada se necesita disponer de recursos económicos propios que posibiliten tener cubiertas las necesidades humanas más básicas, después será importante disponer de tiempo libre y, por último, pero no menos necesario, se requerirá poseer cierta educación. Todos estos aspectos les eran privados a las mujeres, tanto ricas como pobres, por parte de los hombres ―ya sea el marido, el padre o el hermano. La dependencia a la que se encontraba sometida la mujer así como su actuación dentro del ámbito privado, quedando relegada al cuidado del hogar y los hijos, hacían menospreciar sus capacidades e inteligencia, provocando una visión del hombre como superior a la mujer. El hombre era percibido como físicamente y mentalmente superior, como aquel con las capacidades y habilidades necesarias para ser el sustentador de la familia y perpetuar la comunidad social. Woolf incide: «Durante todos estos siglos, las mujeres han sido espejos dotados del mágico y delicioso poder de reflejar una silueta del hombre de tamaño doble del natural. […] Sea cual fuere su uso en las sociedades civilizadas, los espejos son imprescindibles para toda acción violenta o heroica. Por eso, tanto Napoleón como Mussolini insisten tan marcadamente en la inferioridad de las mujeres, ya que si ellas no fueran inferiores, ellos cesarían de agrandarse. Así queda en parte explicado que a menudo las mujeres sean imprescindibles a los hombres. Y también así se entiende mejor por qué a los hombres les intranquilizan tanto las críticas de las mujeres; por qué las mujeres no les pueden decir este libro es malo, este cuadro es flojo o lo que sea sin causar mucho más dolor y provocar mucha más cólera de los que causaría y provocaría un hombre que hiciera la misma crítica. Porque si ellas se ponen a decir la verdad, la imagen del espejo se encoge; la robustez del hombre ante la vida disminuye

Woolf defiende que el establecimiento del patriarcado en las sociedades europeas tiene su fundamento en una amenaza, el miedo del sexo masculino a ser despojado de su superioridad, se trata de una inseguridad. ¿La reafirmación social de la mujer será el motor de cambio que lleve a un aumento de su presencia dentro de la literatura? ¿Es la independencia económica y la posibilidad de lograr el equilibrio mental ―creatividad― mediante un espacio propio la llave que dará lugar a una proliferación de mujeres escritoras? ¿Dará lugar esa proliferación de escritoras a una literatura femenina? La obra nos intenta dar una respuesta: «Sería una lástima terrible que las mujeres escribieran como los hombres, o vivieran como los hombres, o se parecieran físicamente a los hombres, porque dos sexos son ya pocos, dada la vastedad y variedad del mundo; ¿cómo nos las arreglaríamos, pues, con uno solo? ¿No debería la educación buscar y fortalecer más bien las diferencias que no los puntos de semejanza?». Esa respuesta no pasa por que el empoderamiento femenino dé lugar a una literatura femenina, eso no haría más que seguir distanciando a ambos sexos, separándolos y diferenciándolos entre sí. Lo que hace falta es una simbiosis, lo que Virginia Woolf denomina androginia literaria. Deben derribarse las etiquetas de género y avanzar en común, la androginia es un estilo de escritura en el cual es imposible distinguir el sexo del autor, solo puede distinguirse a un ser humano. La emancipación literaria de la mujer no debe dar lugar a una escritura femenina que imite a la masculina, tampoco a la búsqueda de una escritura femenina propia que siga creando estigmas de género, debe pasar, necesariamente, por una conexión.

Esta es la tesis que sostiene la autora acerca del por qué la mujer no ha logrado alcanzar la cima literaria como sí lo han hecho muchos hombres y de hacia dónde debe ir la escritura literaria para lograr que la mujer logre alcanzar esa cima y lo haga en la misma posición de igualdad que el sexo masculino. El ensayo nos muestra una perspectiva, una posible salida literaria, en la cual el género del autor no se convierta en un impedimento. Leer el ensayo de Woolf es acercarnos, a una teoría literaria que analiza la literatura desde una perspectiva concreta y, en especial, el papel de la mujer como escritora en el seno de las sociedades occidentales. Recomiendo su lectura porque creo que puede ayudarnos a visibilizar no solo hacía donde nos ha llevado la tradición literaria sino cómo lo ha hecho y el motivo por el cual ha sido así. ¿Qué salida encontrarías tú?

WOOLF, Virginia. Una habitación propia. Laura Pujol (trad.). Barcelona: Austral (Austral Singular), 2016. 160 pp. ISBN 8432222828 .

Orgullo y Prejuicio. Jane Austen

 

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Resumen del libro

Título:
 Orgullo y prejuicio
Autor: Jane Austen
Editorial: Alba Editorial
Categoría: Novela
Género: Histórico y Romántico
Páginas: 424 págs.


Orgullo y prejuicio
  de Jane Austen es una de mis novelas de cabecera, un imprescindible. La obra fue publicada, de forma anónima, en 1813. Se trata de una obra maestra que, 200 años después de su publicación, sigue fascinando a un sinfín de lectores.

Jane Austen es una escritora neoclásica que bebe del realismo de la novela inglesa. Retrata la sociedad de su época mediante la descripción de historias cotidianas, alejándose de la grandilocuencia y acercándose a la vida provinciana de la pequeña nobleza. Sus historias relatan las costumbres de una época, las aspiraciones, los sentimientos y las relaciones humanas, entre otras muchas cosas, todo de forma natural, casi espontánea. El texto fluye solo. Los diálogos son un reflejo del momento histórico en que vivía la autora, capta con un realismo casi fotográfico de cada aspecto de la vida cotidiana y dota al texto de una sutil ironía que en más de una ocasión logrará arrancarnos una sonrisa de la cara.

Antes de leer la novela, debemos como Elizabeth destruir nuestros prejuicios. La obra no es un relato meramente romántico ni tampoco uno cómico. Se trata de un relato histórico que nos muestra una época a través de sus personajes y las relaciones sociales que mantienen ―familiares, de amistad y de amor―, relaciones que se encuentran moduladas por los convencionalismos del momento.

El eje central de la historia gira alrededor de la familia Bennet, compuesta por el señor, la señora Bennet y sus cinco hijas ―centrándose, concretamente, en Elizabeth, la segunda mayor. Las mujeres, por aquella época, tenían un papel social poco relevante, situándose en el ámbito privado ―cuidado del hogar y de la descendencia―, de ahí a que su mayor hito fuese encontrar un buen marido para asegurar su futuro: «Es una verdad universalmente aceptada que todo soltero en posesión de una gran fortuna necesita una esposa. Aunque apenas se conozcan sus sentimientos y opiniones cuando llega a un vecindario, esa verdad está tan arraigada en la imaginación de las familias circundantes que todas le consideran propiedad legítima de una u otra de sus hijas.» La novela juega con el rol social de la mujer y lo enfrenta a Elizabeth, una joven ingeniosa e inteligente que no se deja llevar por convencionalismos sociales. Ella prefiere permanecer soltera antes que casarse por conveniencia dado que su felicidad no depende de una renta sino de aspectos inmateriales. 

La trama se desencadena a raíz de un encuentro entre Jane Bennet ―la hija mayor― y el señor Bingley ―un joven adinerado de clase alta recién llegado a la localidad. Bingley interesado por la joven Bennet sopesa la posibilidad de casarse con ella. Sin embargo, es aquí donde entrará en juego un nuevo personaje, el señor Darcy ―íntimo amigo de Bingley― quién intentará disuadirlo de dicha idea nublándole el juicio con sus propios prejuicios de clase. Darcy cree fervientemente que alguien de tal posición merece una doncella que esté a su altura y no una joven provinciana. Darcy se nos muestra, en un primer momento, como un personaje orgulloso y altanero, nada que ver con Bingley.

Ante una serie de desencuentros, Elizabeth Bennet, consciente de los prejuicios sociales que dificultan la relación entre su hermana Jane y el señor Bingley, intenta por todos los medios que Jane no se dé de bruces contra la realidad. Paralelamente a la historia entre Jane y Bingley surge y se desarrolla una historia entre la propia Elizabeth y el señor Darcy. El orgullo que envuelve a ambos así como los prejuicios que mantienen uno sobre el otro se van derrumbando lentamente hasta transformarse en una relación sincera de amor. La obra nos muestra que las cosas no son siempre como parecen. Darcy rompe con sus esquemas mentales al conocer a Elizabeth. La joven Bennet es una mujer sensata, posee opiniones propias, es culta, natural y no teme asumir riesgos al no casarse. Lizzy es una de esas heroínas que rompe con lo establecido, que se rebela, a su manera, y que gracias a esa revelación logra encontrar la felicidad. La trama central se entrecruza, a su vez, con relatos que narran las aventuras amorosas de sus hermanas y que configuran una visión mucho más amplia de la sociedad y de la mujer.

¿Por qué recomiendo su lectura? La recomiendo porque se trata de una lectura ágil que logra entretener al lector. Orgullo y prejuicio retrata algunas de las problemáticas a las que se enfrentaba la sociedad inglesa en el siglo XIX, tiñe esos problemas de ironía ―cómica― y los entremezcla con una pequeña dosis de romanticismo, dejando de lado la sensualidad. Hay quienes opinan que la autora es una de las fundadora de la novela cómica romántica pero va mucho más allá, su obra se entrelaza con la historia, desenmascara a la sociedad, nos muestra la hipocresía, la doble moralidad, los prejuicios, la vanidad, las normas de funcionamiento y la rígida estructura de clases. Sin embargo, además de hacer visibles todos estos aspectos, logra romper ciertos esquemas y pautas con sus pequeñas heroínas cotidianas que bien pudieran ser cualquiera de nosotras.

AUSTEN, Jane. Orgullo y prejuicio. Marta Salís (trad.). Barcelona: Alba Editorial (Clásica Maior), 2009. 424 pp. ISBN 9788484284888 .

Sal con una chica que lee

Hola lectores, hace poco leí un artículo que se llamaba Salir con chicas que no leen / Salir con chicas que leen, el primero de ellos escrito por Charles Warnke y el segundo por Rosemary Urquico. Quería compartir con vosotros el de Salir con chicas que leen. Espero que os guste tanto como a mí.


Sal con alguien que se gasta todo su dinero en libros y no en ropa, y que tiene problemas de espacio en el clóset porque ha comprado demasiados. Invita a salir a una chica que tiene una lista de libros por leer y que desde los doce años ha tenido una tarjeta de suscripción a una biblioteca.

Encuentra una chica que lee. Sabrás que es una ávida lectora porque en su maleta siempre llevará un libro que aún no ha comenzado a leer. Es la que siempre mira amorosamente los estantes de las librerías, la que grita en silencio cuando encuentra el libro que quería. ¿Ves a esa chica un tanto extraña oliendo las páginas de un libro viejo en una librería de segunda mano? Es la lectora. Nunca puede resistirse a oler las páginas de un libro, y más si están amarillas.

Es la chica que está sentada en el café del final de la calle, leyendo mientras espera. Si le echas una mirada a su taza, la crema deslactosada ha adquirido una textura un tanto natosa y flota encima del café porque ella está absorta en la lectura, perdida en el mundo que el autor ha creado. Siéntate a su lado. Es posible que te eche una mirada llena de indignación porque la mayoría de las lectoras odian ser interrumpidas. Pregúntale si le ha gustado el libro que tiene entre las manos.

Invítala a otra taza de café y dile qué opinas de Murakami. Averigua si fue capaz de terminar el primer capítulo de Fellowship y sé consciente de que si te dice que entendió el Ulises de Joyce lo hace solo para parecer inteligente. Pregúntale si le encanta Alicia o si quisiera ser ella.

Es fácil salir con una chica que lee. Regálale libros en su cumpleaños, de Navidad y en cada aniversario.

Dale un regalo de palabras, bien sea en poesía o en una canción. Dale a Neruda, a Pound, a Sexton, a Cummings y hazle saber que entiendes que las palabras son amor. Comprende que ella es consciente de la diferencia entre realidad y ficción pero que de todas maneras va a buscar que su vida se asemeje a su libro favorito. No será culpa tuya si lo hace. Por lo menos tiene que intentarlo.

Miéntele, si entiende de sintaxis también comprenderá tu necesidad de mentirle. Detrás de las palabras hay otras cosas: motivación, valor, matiz, diálogo; no será el fin del mundo.

Fállale. La lectora sabe que el fracaso lleva al clímax y que todo tiene un final, pero también entiende que siempre existe la posibilidad de escribirle una segunda parte a la historia y que se puede volver a empezar una y otra vez y aun así seguir siendo el héroe. También es consciente de que durante la vida habrá que toparse con uno o dos villanos.

¿Por qué tener miedo de lo que no eres? Las chicas que leen saben que las personas maduran, lo mismo que los personajes de un cuento o una novela, excepción hecha de los protagonistas de la saga Crepúsculo.

Si te llegas a encontrar una chica que lee mantenla cerca, y cuando a las dos de la mañana la pilles llorando y abrazando el libro contra su pecho, prepárale una taza de té y consiéntela. Es probable que la pierdas durante un par de horas pero siempre va a regresar a ti. Hablará de los protagonistas del libro como si fueran reales y es que, por un tiempo, siempre lo son.

Le propondrás matrimonio durante un viaje en globo o en medio de un concierto de rock, o quizás formularás la pregunta por absoluta casualidad la próxima vez que se enferme; puede que hasta sea por Skype.

Sonreirás con tal fuerza que te preguntarás por qué tu corazón no ha estallado todavía haciendo que la sangre ruede por tu pecho. Escribirás la historia de ustedes, tendrán hijos con nombres extraños y gustos aún más raros. Ella les leerá a tus hijos The Cat in the Hat y Aslan, e incluso puede que lo haga el mismo día. Caminarán juntos los inviernos de la vejez y ella recitará los poemas de Keats en un susurro mientras tú sacudes la nieve de tus botas.

Sal con una chica que lee porque te lo mereces. Te mereces una mujer capaz de darte la vida más colorida que puedas imaginar. Si solo tienes para darle monotonía, horas trilladas y propuestas a medio cocinar, te vendrá mejor estar solo. Pero si quieres el mundo y los mundos que hay más allá, invita a salir a una chica que lee.

O mejor aún, a una que escriba.


Aquí os dejo el enlace del otro artículo (Salir con chicas que no leen) para los interesados: Elmalpensante.com

Todo fluye. Vasili Grossman

9788416072989

 

Resumen del libro

Título: Todo fluye
Autor: Vasili Grossman
Editorial: Galaxia Gutenberg
Categoría: Novela
Género: Histórica
Páginas: 300 págs.

 

¿Por qué leer Todo fluye? De las muchísimas razones para leer a Grossman y a sus obras, destacaría que leer esta novela es conocer la historia rusa, conocer las consecuencias de un comunismo despota, es descubrir hasta donde puede llegar la condición humana, la esclavitud y el abuso del poder sobre un pueblo que sufre el hambre, que se ve amenazado por el gobierno, despojado de libertad y condenado al silencio. Todo fluye es la desgarradora historia del pueblo ruso, una nación oprimida por el estado estalinista. Esta es la obra testimonial de Grossman (1905-1964), escritor y periodísta soviético, estamos ante una obra íntima, escrita con total sinceridad y sin ningun tipo de censura, la cercana muerte del autor (a causa del cáncer) le incita a escribir Todo fluye sin pudor alguno.

La obra que nosotros leemos es una reconstrucción del manuscrito original; el autor comenzó la novela en 1955, sin embargo, la primera versión que tenemos no nos llega hasta 1989. Por ello en muchas ocasiones tenemos la sensación de estar ante una obra fragmentaria, un texto que alberga en su interior numerosas historias y relatos. Al leer el libro nos damos cuenta de que Todo fluye es sobretodo un testamento espiritual, un resumen de las opniniones, creencias y conclusiones que Grossman mantenía sobre el régimen soviético.

Si nos internamos en la estructura interna observamos dos niveles narrativos, uno de ellos es la propia narración, el otro las digresiones del protagonista que en innumerables ocasiones pueden extrapolarse a los pensamientos del propio autor.

La historia de Grossman comienza con la salida de Ivan Grigórievich de un campo de trabajo (un gulag), su liberación se produce una vez ha muerto Stalin. Al ser liberado Ivan regresa a Moscú donde se encuentra con su primo Nikolái Andréyevich y su esposa María Pávlovna y se instala con ellos. Su estancia en Moscú será breve a causa de las discrepancias con el primo que no acaba de manifestar en su presencia, y por encima de todo a causa de la angustia producida por la gran ciudad. Ivan fue condenado a los campos de trabajo forzado siendo un joven estudiante y a su regreso de ellos nos encontramos con un hombre maduro, de cabellos canos, que se siente fuera de lugar en la gran metrópoli. La ciudad le parece un enorme mecanismo que no es capaz de entender. Durante su estancia en Moscú, Ivan se encontrará con su delator, ese encuentro propiciará en la novela una reflexión sobre la corrupción moral y los intereses privados digna de admiración. Ivan acabará encontrando trabajo y mudándose a casa de Anna Serguéyevna, las múltiples conversaciones con ella y la soledad que ambos comparten acabará provocando una relación sentimental entre ambos. De las conversaciones que mantienen podemos destacar profundas reflexiones sobre los campos de prisioneros tanto de hombres como de mujeres, el desgarrador relato sobre la hambruna de los campesinos, así como la indiferencia del poder ante la muerte de miles de personas. Son conversaciones chocantes para un lector alejado de la esfera social y cultural rusa por su dramatismo y por la monstruosidad de los hechos narrados, pero de gran valor moral y didáctico. El final del relato decantará con un intento de reemprender el origen perdido. Hasta aquí puedo leer.

A este esqueleto narrativo se le superponen historias de atrocidades individuales o colectivas, y reflexiones en voz alta sobre la humanidad y la barbarie de la historia soviética. En numerosas ocasiones observamos como la obra tiene cierto aspecto de collage, la narración está repleta de relatos, sucesos, crónicas… Hay una clara necesidad de comunicar y de pensar. El lector necesita saber lo que la obra nos comunica. Pese a esa visión fragmentaria, Todo fluye es una obra recomendada, necesaria e interesante porque contiene el reflejo de una sociedad. El entramado de la historia demuestra una gran comprensión de la naturaleza y la sensibilidad humana. Grossman nos hace un balance de un mundo de delataciones, traiciones y falsedad. Un mundo repleto de corrupción moral. Nos muestra la falta de libertad, la degeneración moral y social, además de descubrirnos las monstruosidades estalinistas cometidas.

A lo largo del relato Vasili Grossman va haciendo un análisis de la personalidad política tanto de Lenin como de Stalin. Nos dice que Lenin será el destructor de los principios morales del pasado en nombre de los futuros y que se aprecia en él un menosprecio por el sufrimiento humano. Lenin  gobierna mediante la intransigencia y desprecia la verdad y la libertad en pos de alcanzar sus propios objetivos. De esto concluirá que a pesar del carácter totalitario de su lider la raíz de todo se encuentra en el espíritu ruso, un espíritu gobernado durante años mediante la esclavitud de la cual no logra separarse. En el afán de Lenin por progresar lo único que consigue es hacer de Rusia un estado esclavista e intolerante. Poco a poco el relato también se va acercando a la figura de Stalin, de él se nos dice que ocupará el lugar de Lenin a su muerte. La obra critica el exterminio total de libertad por parte de Stalin, su afán opresor, los asesinatos, el gulag y la utilización del terror para fortalecer el estado.

 

Grossman reflexiona por encima de todo sobre la tragedia del pueblo ruso, reconsidera sus principios éticos, nos dice que el hombre se siente moralmente sucio. El libro es una confesión sobre la sociedad y el régimen. Durante la trama hará énfasis en que la libertad no puede morir ya que es la vida misma. Aún después de morir Stalin vemos como en la novela el pueblo ruso se desarrolla pero lo hace con una escasez de libertad notoría, la desconfianza generalizada de los ciudadanos se convierte en el pan de cada día.

Como elemento a destacar podemos comentar el capítulo 7 donde tenemos una pequeña puesta en escena de un drama entre un acusador anónimo y sus delatores. En él se analizan las responsabilidades y se justifican sus actos. Se afirma que el estado es el culpable de la existencia de delatores. “La naturaleza del hombre los hace viles y bellos. Ellos se dejan llevar por sus debilidades, por sus miedos”.

Entre algunas de las digresiones del protagonista encontramos la que ocurre en una de las conversaciones con Anna, en el capítulo 14 donde se nos narra la colectivización forzada y la deskualización. Anna nos habla de las purgas del 37, la hambruna de 30 y el antisemitismo del 53. El poder oculta la verdad sobre está hambruna al pueblo soviético que se mantiene en la ignorancia. Nos hace un relato desgarrador sobre una familia servicial y trabajadora que murió a causa de la falta de alimentos y la posterior indiferencia del jefe de brigada al ver los cadáveres. Grossman cierra el capítulo con una frase lapidaria y de necesaria mención: “los campesinos solo hallaban la paz en la muerte”.

Aunque durante el relato Grossman muestra un pesimismo existencial bastante marcado, el final del mismo abre una puerta a la esperanza, un posible futuro en libertad. La figura del mar será la representación metafórica de esa libertad ansiada. Por otro lado, se nos muestra la muerte como el único posible encuentro con la libertad hasta el momento, la única posibilidad de liberarse de las cadenas impuestas por el régimen soviético. Si Ivan es el protagonista elegido por Grossman para guiarnos durante la trama no es pura casualidad, aquello que representa sería todo lo que compone la esencia humana: la libertad, la bondad, la fuerza de la vida y las ganas de seguir luchando a pesar de una dolorosa existencia.

Al cerrar el libro y reflexionar sobre lo leído percibimos como en última instancia es el estado, tanto zarista como soviético,  el culpable de la aniquilación del hombre, de la presencia de delatores, de perseguidores, de torturadores, de verdugos, y de hombres y mujeres asesinados, encarcelados o expulsados. Leer a Grossman es cuestionar las medidas que durante años tomaron los poderes totalitarios, es replantearse la moral de una época. Leer Todo fluye es aprender sobre los errores de la historia, es descubrir hasta dónde puede llegar la miseria humana en favor de los poderes políticos y unos pocos privilegiados, y es descubrir entre todo esto un pequeño resplandor, una pequeña esperanza a la que agarrarse para no acabar destruido. Como opinión personal me ha parecido un libro totalmente recomendable tanto por su carácter documental como testimonial, página a página se nos muestra la deshumanización instaurada por el poder, su intolerancia, sus homicidios y su crueldad sustentados en unos valores ideológicos que pasan por encima de innumerables vidas humanas.

GROSSMAN, Vasili. Todo fluye. Marta Rebón (trad.). Barcelona: Galaxia Gutenberg, 2008. 300 pp. ISBN 9788481097665.

¿Qué es la literatura?

Pertenezco a ese pequeño grupo de marginados sociales fascinados por la cultura y seducidos por las letras cuyos planes perfectos suelen acercarse peligrosamente a un sofá o butaca, un libro entre sus manos y una taza de café o de té sobre la mesa.  Soy de esas pocas personas que pasan horas y horas sumergidas entre las páginas de un libro, navegando entre historias, países, culturas y personajes. Adoro la incertidumbre que me ofrecen las novelas negras y policiacas, el conocimiento que me aportan las obras históricas o filosóficas, la pasión del drama y la tragedia, el espíritu crítico del ensayo y la autobiografía, el entretenimiento evasivo de la novela de aventuras o fantástica, la fuerza del teatro y la expresividad de la poesía. Me gusta leer, me gusta aprender y me encanta viajar.

Soy nostálgica en el sentido romántico, en invierno añoro un gato sobre mis pies, en verano el canto de los jilgueros, pero siempre un libro sobre mis manos. Cuando me preguntan cuál es la utilidad de la lectura en un mundo tecnológico suelo decir que es recordarnos que seguimos siendo humanos. Olvidamos que antes de nosotros hubo otros muchos y esos otros muchos tenían bastantes cosas que decir. Leer no es solo mera evasión, ni tampoco es solo entretenimiento. Leer significa aprender, ser conscientes de que nuestra cultura no es ni más ni menos especial que otra y que nosotros no somos mejores ni peores que nadie. Leer significa también conocer la tradición que nos precede y que ha llevado a ser lo que hoy en día somos, es dejar que toda la reflexión acerca de la humanidad y de la existencia nos acoja y por otro lado nos abrume. Nadie ha dicho nunca que la lectura fuera solo placentera, es bien sabido que genera una cierta angustia ante lo desconocido. Leer es siempre reflexionar sobre el mundo y sobre nosotros mismos. Un libro nos acerca a la alteridad, nos da a conocer al otro y nos permite mantener una actitud crítica frente a nuestra propia visión del mundo.

Un libro nos acerca al conocimiento, es ante todo didáctico, desde el momento en que se forja en una lengua y adquirimos sus reglas y normas, hasta la finalidad formativa de obras como la enciclopedia. Un libro es un arma de cambio, tanto cultural como ideológico, las grandes renovaciones culturales y las grandes revoluciones políticas han ido siempre acompañadas de obras literarias y de manifiestos. Un libro es peligroso porque nos confronta con el status quo, gracias a él dudamos de todo lo establecido, cuestionamos lo incuestionable y abarcamos lo inabarcable. Leer es evolucionar porque cada letra impresa en el libro transforma la realidad en la que vivimos, transformándonos a nosotros mismos. Adentrarte en un libro es una aventura ya que nunca sabes cómo vas a salir de él. Leer es una terapia psicológica y Freud era muy consciente de ello, nosotros los marginados culturales también lo somos y por eso sabemos que una obra puede cambiar nuestro estado de ánimo en segundos y que un personaje puede liberarnos de todo el peso que llevamos encima. Cuando me preguntan de qué sirve la literatura suelo decir que nos pone en evidencia a todas esas ciencias objetivas. Toda la pretensión objetiva de los métodos científicos cae por su propio peso si observamos la literariedad de sus textos. La objetividad no existe como tal en tanto que es un sujeto  único el que escribe un texto concreto. En la propia selección gramatical o léxica de todo texto hay ya un primer filtro subjetivo infranqueable. La literatura o mejor dicho, la teoría y la crítica literaria en su estudio literario, reflexiona filosóficamente acerca de todo texto escrito y por escribir, de todo género, de toda clase.

Cuando me preguntan qué es la literatura suelo afirmar que la literatura es todo. Es la historia de la humanidad, su filosofía, su conocimiento, su arte y su cultura, es su ideología y su política, su lenguaje y por tanto su esencia misma. El lenguaje es la vía por la que el hombre muestra su determinación social, ideológica y filosófica. El lenguaje estructura nuestra concepción del mundo y es por ello que la identidad cultural suele ir siempre vinculada al lenguaje mismo de la comunidad. Todo eso y más es la literatura, si pudiéramos analizar su importancia y su utilidad necesitaríamos poder abarcar todas y cada unas de las obras habidas y por haber, necesitariamos un libro total (como el de Mallarmé), puesto que la humanidad siempre ha necesitado de una vía para poder expresar todas sus cuestiones existenciales. Yo, como nostálgica, dejo para aquel que quiera leerlo la reflexión de Sartre acerca de la literatura. Y a partir de aquí que cada uno saque sus conclusiones.

Hay que recordar que la mayoría de los críticos son hombres que no han tenido mucha suerte y que, en el momento en que estaban en los lindes de la desesperación, encontraron un modesto y tranquilo puesto de guardián de cementerio. Dios sabe si los cementerios son lugares de paz; nada hay más apacible que una biblioteca. Los muertos están ahí: no han hecho más que escribir, se les ha perdonado hace tiempo el pecado de vivir y, por otra parte, no se sabe de sus vidas más que por otros libros que otros muertos han escrito sobre ellos. (…). El crítico vive mal, su mujer no le estima como debiera, sus hijos son ingratos y los fines de mes resultan difíciles. Pero siempre es posible entrar en su biblioteca, tomar un libro de un estante y abrirlo. Se escapa del libro un leve olor a cueva y comienza una extraña operación que el crítico ha decidido llamar la lectura. Por un lado, es una posesión; se presta el propio cuerpo a los muertos para que puedan vivir de nuevo. Y, por otro lado, es un contacto con el más allá. El libro, en efecto, no es un objeto, ni tampoco un acto, ni siquiera un pensamiento: escrito por un muerto sobre cosas muertas, ya no tiene lugar en este mundo ni habla de cosas que nos interesen directamente; abandonado a sí mismo, se encoge y se hunde, convirtiéndose en meras manchas de tinta sobre papel mohoso. Y, cuando el crítico reanima estas manchas, cuando hace de ellas letras y palabras, éstas le hablan de pasiones que no siente, de iras sin objeto, de temores y de esperanzas difuntos. Se ve rodeado de un mundo inmaterial en el que los sentimientos humanos, como ya no emocionan, han pasado a la categoría de sentimientos ejemplares y, para decirlo con claridad, de valores. De este modo, el crítico se convence de haber entrado en relación con un mundo inteligible que es como la verdad de sus amarguras cotidianas y la razón de ser de las mismas. Piensa que la naturaleza imita al arte como, según Platón, el mundo sensible imitaba al de los arquetipos. Y, mientras lee, su vida cotidiana se convierte en una apariencia. Es una apariencia su mujer agriada y es una apariencia su hijo jorobado. Y serán salvadas porque Jenofonte ha hecho el retrato de Jantipa y Shakespeare, el de Ricardo III. Para el crítico, es un placer que los autores contemporáneos le hagan el favor de morirse: sus libros, demasiado crudos, demasiado vivos, demasiado apremiantes, pasan al otro lado, conmueve cada vez menos y se hacen cada vez más hermosos; después de una breve permanencia en el purgatorio, van a poblar el cielo inteligible de nuevos valores. Bergotte, Swann, Siegfried, Bella y M. Teste: he aquí adquisiciones recientes. Se está esperando a Nathanaël y Ménalque. En cuanto a los escritores que se obstinan en vivir, lo único que se les pide es que no se agiten demasiado y procuren en adelante parecerse a los muertos que serán (…) A lo sumo, el crítico profesional organizará entre ellos diálogos infernales y nos dirá que el pensamiento francés es una perpetua conversación entre Pascal y Montaigne. Con esto no pretenderá hacer a Pascal y Montaigne más vivos, sino a Malraux y Gide más muertos. Cuando, finalmente, las contradicciones internas de la vida y de la obra hayan dejado a ambas inutilizables, cuando el mensaje, en su profundidad indescifrable, nos haya enseñado estas verdades capitales: que ‘el hombre no es ni bueno ni malo’, que ‘hay mucho sufrimiento en una vida humana’ y que ‘el genio no es más que una larga paciencia’, se habrá alcanzado el objetivo último de esta cocina fúnebre y el lector, dejando su libro, podrá decir, con el ánimo en calma: ‘Todo esto no es más que literatura.’.
SARTRE, Jean-Paul (1948): ¿Qué es la literatura?. Buenos Aires: Editorial Losada, 2003.